Cuando reciben un tratamiento adecuado, las personas con VIH pueden llevar una vida normal, prácticamente igual a la de alguien que no tiene el virus. Esto no es diferente para los niños, niñas y adolescentes.

Como sabemos, la educación es uno de los derechos fundamentales de todo ser humano, pero, aunque sea difícil de creer, todavía existen muchos obstáculos para que las niñas y los niños con VIH puedan ejercer plenamente este derecho.

La discriminación y el estigma que han rodeado a este virus durante toda su existencia parecen resistirse a desaparecer, y claramente se alimentan de una fuente principal: la desinformación.

Es así que las ideas erróneas sobre cómo se da la infección, sobre cómo son las personas a quienes afecta y sobre las maneras en que se transmite pueden ser grandes obstáculos para que las personas con VIH logren vivir una vida plena.

Niños como los demás

Actualmente, en el mundo existen 1.7 millones de niños menores de 14 años que viven con el VIH, de acuerdo con los datos más recientes de ONUSIDA.

Hasta antes de la invención de los tratamientos antirretrovirales, todos estos menores habrían tenido una esperanza de vida muy breve, pero hoy, los medicamentos les permiten alcanzar, por mucho, la edad adulta.

Esto significa que son niños y niñas que acudirán a la escuela, y que siempre hay una probabilidad de que en tu colegio (o el de tus hijos) haya uno o más compañeros que viven con el VIH.

Dicha posibilidad no implica ningún riesgo para los otros estudiantes ni para las y los profesores, y tampoco es necesario divulgar la condición del pequeño afectado, pues la confidencialidad es uno de los pilares del bienestar de todas las personas con VIH.

¿Debo tomar precauciones?

Recordemos que las vías de transmisión del VIH son únicamente tres. La primera es la vía sanguínea, por ejemplo, usar el mismo equipo de inyección en más de una persona (como al consumir drogas intravenosas). La segunda es la vía sexual, concretamente la penetración anal o vaginal. Y la tercera es la vía materno-infantil o vertical, es decir, de madre a hijo a través del embarazo, el parto o la lactancia.

Así pues, la convivencia regular no implica ningún riesgo de transmisión del VIH. Esto significa que tocar, abrazar o besar a alguien con el virus no nos expone a él. Tampoco compartir los baños, las albercas, las toallas, los utensilios de cocina ni la comida o bebida. De igual forma, fluidos no sexuales como el sudor, la saliva o las lágrimas no transmiten el VIH.

Es por esto que no es necesario que, de haber algún alumno con VIH en una escuela, se haga pública su condición de salud. Lamentablemente, el estigma aún es tan poderoso que esto, lejos de traer algún beneficio a la comunidad escolar, podría acarrear consecuencias nocivas para el niño o niña en cuestión.

El único escenario donde se podrían tomar precauciones específicas es si se presenta un accidente que involucre hemorragia. Una caída, un impacto o una pelea, por citar algunos ejemplos, pueden dar paso a un sangrado que sí podría transmitir el virus en caso de que entrara en contacto con otra herida abierta.

Sin embargo, usemos el sentido común, ¿acaso no deberíamos tomar precauciones con las heridas sangrantes de cualquier persona, puesto que no sabemos si tiene cualquier infección que se transmita por esa vía? En todos los casos, usar un par de guantes de látex para limpiar o cubrir la herida es una buena protección, además de desechar las vendas o hisopos con sangre en contenedores especiales para ese fin.

¿Cómo puedo ayudar?

Como mencionamos antes, la confidencialidad es una condición que beneficia a las personas con VIH, pues les ayuda a evitar actos de discriminación. Sin embargo, si llegas a saber que algún compañero vive con el virus, tienes la oportunidad de apoyarlo y ayudar a combatir la desinformación entre el resto de la comunidad.

Acércate a fuentes confiables, como las organizaciones civiles que trabajan con el tema, y trata de resolver las dudas que tengas sobre la infección. Alza la voz cuando alguien trate de usar esta condición de salud como un insulto o una agresión contra esa persona.

Y, sobre todo, trata a tu compañero como a todos los demás. No hay por qué hacer distinciones, a menos que esa persona solicite alguna ayuda especial de tu parte.

Si quieres saber más sobre la infección o necesitas hacerte una prueba de VIH, en AHF República Dominicana las realizamos gratis. Acércate a nuestros centros de pruebas o escríbenos por Whatsapp y conoce nuestros servicios.

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