La penetración anal es una práctica que suele asociarse con los hombres que tienen sexo con otros hombres, pero la realidad es que también muchas parejas heterosexuales, o incluso parejas de mujeres, la incluyen en su repertorio sexual.

El estigma que pesaba alrededor de esta actividad solía ser muy fuerte, y aunque todavía existen muchos tabúes al respecto y muchas opiniones que la condenan, hoy, al menos, es posible hablar del tema con más claridad.

Quienes rechazan esta práctica argumentan que el ano “no está diseñado para eso” (como si los labios estuvieran diseñados para besar, o como si las manos estuvieran o no diseñadas para la masturbación), además de que es un sitio “sucio” y que representa una “desviación” de lo que constituye el sexo aceptable.

Para ir derribando estos mitos es importante dejar de darle tanto peso a los juicios morales y poner más atención en la salud sexual que está involucrada en el sexo anal.

Conoce tu anatomía

No tiene nada que ver con la orientación sexual ni con el género, todas las personas tienen un ano. Es por esto que conocer su anatomía no servirá sólo para sentir que estás conociendo a tu pareja, sino para saber cómo funciona, también, tu propio cuerpo.

El ano es un esfínter, es decir, un músculo en forma de anillo que abre y cierra los extremos de ciertos conductos en el cuerpo (otro ejemplo es el esfínter inferior del esófago, que impide que la comida regrese desde el estómago).

El movimiento de un esfínter no es voluntario, y en condiciones normales sólo ocurre cuando es necesario dejar pasar una sustancia o materia de un órgano a otro, pero eso no significa que no pueda abrirse en otros momentos.

En el caso del ano, para ser más precisos hay que decir que no es un solo esfínter, sino dos. Aunque dentro de la anatomía están superpuestos, es decir, el esfínter externo “abraza” al esfínter interno, son estructuras que pueden tener movimientos distintos según el estímulo que reciben, por ejemplo, dejar salir la materia fecal o dejar entrar algún objeto (digamos, un supositorio).

Los protagonistas del momento

El ano es un músculo que tiene cierta posición mientras está en reposo. Para involucrarlo en una penetración sexual, es importante relajarlo y/o estimularlo y así lograr que esa penetración no cause lesiones, esto es, que no genere desgarros al abrirlo bruscamente.

Para tener una experiencia placentera de sexo anal, puedes considerar estas tres claves para el éxito:

  1. Lubricante: A diferencia de la vagina o del pene, el ano no genera lubricación suficiente para recibir una penetración. Usar un lubricante a base de agua facilitará las cosas y evitará que la delicada mucosa interna se lastime durante el sexo.
  2. Estimulación: Lo más recomendable es preparar el ano mediante una buena sesión de estimulación. Presionar, acariciar o masajear esa zona puede producir un placer tan grande que el siguiente paso sería una estimulación mayor, como la penetración.
  3. Protección: Como dijimos, la mucosa que constituye el ano y el recto (el siguiente segmento que se encuentra hacia dentro del cuerpo) es frágil. Si no se realiza con suficiente lubricación o si los movimientos son demasiado fuertes, la penetración produce heridas internas, que son una puerta abierta para la entrada de infecciones de transmisión sexual. Es por esto que usar condón en la penetración anal es la mejor forma de que evites adquirir o transmitir estas infecciones. Además, si todavía tienes dudas sobre la higiene de esta práctica, el condón también te cubre de situaciones inesperadas.

Si tu pareja y tú han pensado en probar esta actividad sexual, o si ya la practican y quieren mejorar la experiencia, seguir estos tips les ayudará a hacerlo de forma más segura y placentera.

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