Casi cualquier cosa en exceso puede ser dañina, pero esto es especialmente cierto para algunas sustancias recreativas y muy aceptadas dentro de nuestra sociedad, como es el caso del alcohol. Beber más de lo recomendable puede causar daños en la salud, y para las personas que viven con VIH esto no es diferente.

Un invitado constante

El consumo de alcohol se asocia socialmente con momentos de felicidad y de tristeza por igual, por lo que es común que esté al alcance de muchas personas. Es verdad que beber tiene el efecto de desinhibirnos, lo cual puede facilitar un estado de felicidad o euforia.

Sin embargo, las bebidas embriagantes también tienen la capacidad de agudizar sentimientos negativos, como la tristeza o la sensación de soledad, y no está de más recordar que uno de los problemas de salud mental más frecuentes en las personas con VIH es la depresión.

Repercusión en tu organismo

Consumir alcohol en exceso tiene un efecto negativo en la función del sistema inmunológico de todas las personas, y recuerda que es precisamente ese sistema de defensa el que es atacado por el VIH. El alcohol puede facilitar la replicación del VIH en tu organismo, lo cual destruye tus células inmunológicas.

Alguna evidencia también sugiere que si el consumo de alcohol aumenta y se mantiene alto después del diagnóstico de VIH, es posible que tenga cierta influencia en la progresión de la enfermedad, según informó en un boletín de prensa la Secretaría de Salud de México.

Además, de forma específica, el alcohol altera la mucosa del aparato digestivo, lo cual aumenta el estado inflamatorio del organismo y daña la barrera de las células; esto hace que el cuerpo sea más vulnerable ante el VIH. En el mismo sentido, el alcohol modifica la flora intestinal, lo que hace a la persona más propensa a infecciones gastrointestinales.

El ministerio de Salud mexicano también informa que las bebidas alcohólicas afectan la médula ósea, lo cual influye en la generación de nuevas células de la sangre, entre ellas, las células inmunológicas.

Comportamientos que te ponen en riesgo

Las bebidas embriagantes nublan el juicio, por lo que si te emborrachas, es posible que olvides tomar tu tratamiento antirretroviral. O más aún, se sabe que muchas personas con VIH suspenden deliberadamente los medicamentos cuando saben que van a tomar alcohol, ya que prefieren beber sin exponerse a una supuesta toxicidad que se produce al mezclar los fármacos y el alcohol, misma que no existe.

Un estudio realizado en Estados Unidos en 2012, que incluyó a 178 personas con VIH, reveló que la mitad de ellas saltaban dosis de su tratamiento cuando tomaban alcohol. Es bien sabido que el tratamiento antirretroviral debe tomarse al pie de la letra para mantener el control de la infección, por lo que omitir o retrasar dosis puede dar espacio para que el virus se siga replicando.

Por otro lado, cuando estás en estado de embriaguez es mucho más probable que te involucres en relaciones sexuales sin condón, lo cual te pone en riesgo no sólo de otras infecciones de transmisión sexual, sino de reinfección con el propio VIH. Recuerda que el hecho de que ya tengas el virus en tu cuerpo no significa que no puedas adquirir un VIH distinto (incluso, uno resistente a ciertos medicamentos) de otra persona.

Protege tu salud

Debes tomar en cuenta que el alcohol afecta a las personas con VIH de manera distinta a como lo hace con quienes no tienen el virus. Es por eso que debes cuidar que tu consumo no exceda los límites recomendados, es decir, una bebida por día en el caso de las mujeres y dos bebidas por día en el caso de los hombres. Al decir “una bebida”, considera una botella de cerveza, una copa de vino o un trago de licor.

Sin embargo, si llegas a pasarte de copas, evita mantener relaciones sexuales, pues es más factible que tomes decisiones equivocadas como no utilizar condón, usarlo mal o involucrarte en prácticas sexuales que normalmente no harías (como la penetración anal o la introducción de objetos por el ano o la vagina).

Recuerda que si vives con VIH, es tu derecho recibir el tratamiento adecuado y la atención integral para mantenerte saludable por más tiempo. Y si todavía no empiezas tu tratamiento o lo suspendiste y quieres retomarlo, en AHF República Dominicana podemos ayudarte. Acércate a uno de nuestros centros o escríbenos por Whatsapp y te atenderemos.

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