Aunque hoy por hoy el VIH es una infección controlable y que incluso se considera ya una afección crónica, la mayoría de los medicamentos que lo tratan están formulados para personas adultas. Cápsulas, comprimidos e inyecciones son las formas en las que estos fármacos se producen, pero parecen dejar de lado a una importante población: las niñas y los niños.

La falta de fórmulas pediátricas, como jarabes, podría estar repercutiendo en que sólo la mitad de los menores que viven con VIH en todo el mundo (52%, según la Organización Mundial de la Salud) reciban el tratamiento que necesitan para salvar su vida.

Actualmente, se calcula que 1.7 millones de niños y niñas hasta 14 años tienen el VIH. Es una gran cantidad de población que necesita cuidados y servicios especializados, y que no los están recibiendo en la misma proporción que los adultos, 76% de los cuales están en tratamiento.

Transmisión que se puede prevenir

Probablemente, muchas personas no tienen en mente que hay bebés y niños con VIH porque piensan que esta infección tiene que ver solamente con la transmisión sexual. Hay que recordar que el virus se transmite por tres vías: sexual, sanguínea y vertical, es decir, de la madre al bebé durante el embarazo, el parto o la lactancia.

Esta última vía es la razón por la que la mayoría de los menores nacen o crecen con el VIH, porque sus madres se los han transmitido. Por esto, organismos como el Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/sida (ONUSIDA) insisten en la importancia de realizar al menos una prueba de detección del virus a las mujeres embarazadas, aunque lo ideal sería hacer hasta tres.

Si una mujer es diagnosticada con VIH durante su embarazo, es posible darle el tratamiento antirretroviral que no sólo controlará el virus y mejorará su salud, sino que también evitará que el virus sea transmitido a su bebé. De este modo, su hijo o hija puede nacer libre de VIH.

Un virus que acompaña una vida

La realidad es que muchas mujeres embarazadas con VIH no recibieron ningún diagnóstico y sus bebés nacieron con el virus. En las décadas de los años ochenta y noventa, cuando no existían los tratamientos antirretrovirales, estos pequeños vivían apenas dos o tres años, y fallecían por enfermedades relacionadas con el sida, por ejemplo, neumonías.

Pero a partir de 1996, cuando se lanzó el primer tratamiento antirretroviral altamente efectivo, capaz de controlar la replicación del VIH a largo plazo, la expectativa de vida de un bebé con VIH comenzó a cambiar.

Fue en los primeros años de este siglo cuando los menores que nacían con el virus y recibían el tratamiento adecuado comenzaron a crecer, a cumplir más y más años, a ir a la escuela, a llegar a la adolescencia. Eran pequeños que sabían de su condición y aprendieron a vivir con ella, aunque no fueron pocas las ocasiones en que experimentaron discriminación y estigma.

Cuando se llegaba a saber que había algún niño o niña con VIH en una escuela, la primera reacción era de miedo. Se temía que la convivencia diaria pudiera exponer a los otros estudiantes a la transmisión del virus. Fue cuestión de tiempo y de gran cantidad de información para que las personas comprendieran que no se puede adquirir el VIH por acciones cotidianas, como saludar, abrazar, besar, compartir el baño o la comida con alguien que tiene el virus.

Una vida casi normal

Gracias a los tratamientos, hoy es posible decir que un bebé que nació con el VIH puede aspirar a una vida casi normal, con una expectativa de vida muy similar a la de quienes no tienen el VIH. El “casi” se debe a que todavía se está investigando todos los efectos del virus en el organismo, que suceden aunque la persona se encuentre bajo tratamiento antirretroviral. 

Consecuencias como la inflamación crónica o el envejecimiento prematuro son problemas que apenas comienzan a ser estudiados, y es muy probable que en el futuro la ciencia encuentre la forma de contenerlos o contrarrestarlos.

Es por eso que hoy se puede decir que lo que le espera a un bebé que nace con el VIH es una vida larga y casi igual a la que tendrán otros bebés de su generación. Pero no hay que olvidar que lo ideal es detectar el virus a tiempo durante el embarazo, para así lograr la meta que el mundo se ha propuesto para eliminar el sida en los niños y niñas en el año 2030.

Recuerda que en AHF República Dominicana hacemos pruebas de VIH gratis, sólo debes localizar el centro más cercano y con gusto te atenderemos.

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