Cuando se habla de VIH, por lo regular se piensa en poblaciones muy afectadas como los hombres gays. Esta idea se debe, en parte, a la realidad de algunos datos en países occidentales, pero también tiene que ver con cierto prejuicio.

Desde su origen en los años ochenta del siglo pasado, el VIH se asoció fuertemente con el movimiento de liberación homosexual que estaba en pleno apogeo en las ciudades de San Francisco y Nueva York, en Estados Unidos, que fue justo donde se registraron los primeros casos del virus.

Sin embargo, al ser una infección de transmisión no sólo sexual, sino también sanguínea (y en esa época la sangre no se revisaba en busca de infecciones), era sólo cuestión de tiempo para que el VIH comenzara a afectar también a las mujeres.

Una perspectiva diferente

El grupo de mujeres que han contraído el VIH ha ido creciendo con el paso del tiempo. En algunas regiones del planeta, como África, incluso conforman la mayor parte de los nuevos casos, y muchas de ellas lo adquieren en la adolescencia.

En muchos países de América Latina, en cambio, la epidemia de VIH está concentrada en hombres gays y bisexuales y en mujeres trans. Sin embargo, hay que recordar que en República Dominicana, el 51% de los casos de VIH son mujeres, según datos del Consejo Nacional para el VIH y el sida.

Las mujeres que son diagnosticadas con VIH enfrentan retos diferentes que los de los hombres, incluso si esos hombres son sus parejas. Los roles que juega cada uno en una relación hacen que ellas lleven una carga más pesada, pues no sólo deben cuidar de sus esposos o hijos, sino también de sí mismas.

Ellas están en desventaja

A veces pasa que cuando la mujer está embarazada y acude al cuidado prenatal es el momento en el que se descubre que tiene VIH. El médico puede haberle recomendado la prueba de detección con el fin de proteger al bebé de la transmisión del virus, misma que se puede dar durante el embarazo, el parto o después mediante la lactancia.

Por supuesto, también se busca proteger a la propia mujer, ya que al comenzar a recibir el tratamiento antirretroviral no sólo se evita que el bebé nazca con el VIH, sino que también se preserva la salud de la madre.

Sin embargo, las situaciones adversas comienzan en el hogar. En la mayoría de las comunidades, las mujeres no tienen otras parejas sexuales más que sus esposos, pero el de ellos no es el mismo caso. Los estereotipos sociales “dan permiso” a los hombres para que tengan sexo fuera del matrimonio, argumentando que “así son ellos” y que mientras sigan siendo proveedores, no importa que tengan otras parejas.

Pero para la epidemia de VIH esto es crucial. Un diagnóstico de VIH en una pareja que lleva mucho tiempo casada puede indicar (aunque no es una regla) que hubo una infidelidad y eso daña mucho la relación afectiva.

De cualquier forma, las mujeres asumen un papel donde deben procurar el bienestar de sus hijos, y por ellos es que acuden a consulta médica o aceptan tomar tratamiento una vez que se han asegurado de que sus pequeños estarán bien.

La violencia, un factor primordial

Pero muchas de las infecciones de VIH en mujeres que se dan por la vía sexual no surgen en un momento de sexo consentido. Por desgracia la violencia, tanto sexual como física, juega un papel central en la epidemia entre las mujeres.

Las violaciones sexuales o el maltrato físico que antecede al sexo sin consentimiento son tan comunes entre las mujeres con VIH, que el Programa Conjunto de las Naciones Unidas para el VIH y el Sida (ONUSIDA) aclara que la violencia es un factor que expone a mujeres y niñas a contraer el virus.

A esto hay que sumarle que una relación sexual forzada es más riesgosa para la transmisión de Infecciones de Transmisión Sexual como el VIH, ya que la mucosa de la vagina “se rompe” cuando hay un coito violento, y eso “abre las puertas” del cuerpo a microorganismos dañinos.

Además, en general se ha observado que cuando una mujer vive con VIH es más probable que haya sufrido violencia en su vida que si se le pregunta al respecto a una mujer que no tenga VIH.

Ante este panorama, es necesario que la dinámica social cambie para que los derechos de las mujeres sean protegidos y respetados. No se puede admitir que, además de las secuelas psicológicas que pueden dejar los actos de violencia, además se tenga que enfrentar una situación tan delicada como una infección por VIH.

Pero recuerda: no importa si tu relación es respetuosa o violenta, hazte la prueba del VIH y sal de dudas. En AHF República Dominicana podemos apoyarte, sólo localiza el centro de pruebas más cercano a ti y haz tu cita ya. 

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